26 mayo 2014

El reloj despertador

El sábado me compré un libro de Gioconda Belli, sabía que me iba a gustar porque esa mujer es maravillosa, y sus poemas me encantan, así que cuando lo encontré en la minúscula sección de libros en espaniol (oh esa letra que me falta...) remezclados con los franceses y los italianos de la librería más grande de Bonn no me lo pensé. Además tiene un título fantástico "El país de las mujeres". Ahora mismo mientras mi hija duerme he terminado un capítulo "El reloj despertador" del que subscribiré un trozo más abajo. Llevo unos días (o estos últimos 20 meses) con la urgencia de escribir algo, pero este tapón que se me ha ido forjando en los últimos anios con la falta de soledad y la asfixiante consecución de dobleces y contraluces en mi vida me tenía la pluma seca. Cuando a través de los cerros de ropa sucia, los planes de comidas equilibradas y diferentes para los miembros del recién creado hogar y la tesis me dejaban un rato para enfrentarme al folio en blanco sólo aparecían temas manidos vivencias incompletas caos e insatisfacción y no sabía cómo, de alguna manera creativa pero en esos veinte minutos de siesta de mi hija, darles forma.
Hay gente que directa o indirectamente nos tiende una mano para que salgamos de los baches donde nos metemos con más o menos ayuda de las circunstancias que nos rodean. A todas ellas, a todos vosotros o mando un abrazo un montón de besos y os dejo un trocito del libro, que os recomiendo que leais entero.




"... Lo lloró mucho, inconsolable. Sola con Celeste, que a sus seis años era la
perfecta y femenina reproducción del padre, fue a repartir sus cenizas: un poco al
mar, otro al jardín de la casa de infancia, otro a un río con el que él tenía una relación
de tú a tú. En cada lugar, con la niña sentada sobre las piernas, hablaron de
recuerdos y anécdotas, de noches y días vividos al lado del hombre que sería parte
de ambas para siempre. Celeste dejó de preguntar cuando volvería el papá. Lo aceptó
como un ser invisible, un amigo secreto.
Había sido un matrimonio feliz. Solo el tiempo, la distancia y el pleno uso de
su independencia hicieron que Viviana se percatara de cuánto había cedido como
mujer para que esa felicidad fuese posible.
Pasó mes y medio en pijamas o sudaderas, con el pelo lleno de nudos y las
uñas quebradas, sin que nada, excepto Celeste, le importara. Su madre, que trabajaba
coordinando expediciones de la National Geographic y viajaba mucho (cuando logró
saber la noticia, al arribar a Montevideo de un crucero por la Antártica, ya él estaba
entregado al viento de sus lugares favoritos), regresó y se espantó de ver que la hija
no lograba recuperarse del luto. Consuelo era una mujer enérgica, llena de
exuberancia y alegría. A los sesenta y pico lucía joven y, si bien su lema era "vive y
deja vivir", cuando le tocaba hacer de madre, sabía hacerlo bien. A Viviana la había
criado y educado sola, pues del padre no volvió a saber nada apenas le dijo que
estaba embarazada.
-Ah no, mijita, no se me eche a morir. Vamos a ir haciendo las cosas despacio
pero lo que hay que hacer, se hace. Y lo primero es la operación clóset, que me la vas
a dejar a mí -esa fue su cantinela desde que se dio cuenta de que todo lo de Sebastián
seguía intacto en su lugar-. ¿Y el carro, mamita? Es morboso que tengas ese carro
destruido en el garaje. Podés decidir no salir de esta, le dijo, pero entonces encerrate
a piedra y lodo, pone el carro en la sala y vestite con la ropa de él. Lo importante es
que decidás, que hagas algo. Tenés que decidirte por él que está muerto o por vos
que estás viva. No hay término medio. Nosotras no somos mujeres de términos
medios.
Consuelo se trasladó a la casa de Viviana y se hizo cargo de los seguros y los
papeleos con que se borra el vestigio de quien ya no puede ni suscribirse a revistas ni
pagar cuentas. Ella también se encargó de convencer a Viviana de que cumpliera su
sueño de ser periodista, la profesión para la que se preparó y que solo llegó a ejercer
pocos meses antes del nacimiento de Celeste.
Racionalmente, ella sabía que su madre tenía razón, pero con cada trapo y
zapato de Sebastián del que se despojó, y especialmente cuando se llevaron el coche
al depósito de chatarra (de alguna manera torcida y supersticiosa, ella sentía que en
ese amasijo de metal estaba impregnado su último grito, lo que quizás él dijera o
pensara en la soledad de su muerte), ella sintió que cercenaba las evidencias
tangibles de su existencia y que, al hacerlo, dejaba de ser esa que había sido con el, y
renunciaba al amor-refugio-cúpula de cristal donde por tantos años estuvo segura y
tibia.
Pero así de dura y definitiva era la muerte, y lo mismo podía decirse de la
vida. Ella siguió respirando, levantándose cada mañana, acumulando tiempo, días
que la separaban de lo que había sido. Y al fin salió de su casa. Se maquilló, se
arregló, se vistió. Más delgada pero guapa, a pesar de la pesadumbre interior, fue a la
entrevista de trabajo, hizo la prueba ante las cámaras en el canal de televisión y
obtuvo el puesto de presentadora de las noticias de la mañana.

...

Llegó a su casa feliz esa noche. Llamó a sus amigas. Celebró en la cena con
Consuelo y Celeste.
-¿Sabés? -le dijo su madre cuando ya Celeste terminó sus tareas, se lavó los
dientes y se fue a dormir-, una vez en mi vida me leí las cartas. Estaba desolada
después de que tu papá desapareció y una amiga me llevó a la casa de una famosa
quiromántica. Su hija está destinada para grandes cosas, me dijo la señora.
-¿Y por qué nunca me lo habías contado? -sonrió Viviana.
-No sé. No le di mucho crédito, pero últimamente he recordado esa frase. Creo
que es verdad. Alguien como vos debe tomar la vida de frente, sin miedo. El miedo
es un mal consejero.
Viviana retornó el reloj a la repisa y pensó en la suerte de tener una madre
como la suya."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

qué cosas....
no tengo nada habilitado para que me informe de una entrada nueva pero aquí estaba esperando que se descargarse algo y después de meses,algo menos de 20, me dió por mirar que tal estaba ecnil...y ha vuelto!!!!!!
Felicidades por esa vida familiar que las cuadrículas del mundo no dejan oficializar "por papeles".
con eso...ánimo!!!!!

Besos desde el SUR!!!! (sur sur...;-)

Iris Zancho dijo...

Aaaaah!!!

Te tengo que de querer!! Vuelvo al sur dentro de muy poquito, dame un silbidito que te invite a una cerveza!